lunes, 22 de julio de 2013

I aquests homes anaren al combat

El pasado sábado 20 de julio tuvo lugar en el Baluarte de Sant Pere en Dalt Vila, Eivissa, un Homenaje Joven al poeta isleño Marià Villangómez. Jóvenes, niños y adultos subieron al escenario mostrando una devoción largamente cultivada o recién descubierta por un poeta cuyas líneas denotan un amor puro por la propia tierra.

Yo misma tomé parte en dicho Homenaje, y puedo constatar que resultaba curioso estar haciendo una llamada al amor a la pureza de la isla, un reclamo y un grito de lucha hacia lo que ha sido nuestro, mientras al mismo tiempo resonaban en las cabezas de todos los participantes barbaridades tales como ataques a la playa de Benirràs, retrocesos alarmantes de la lengua propia o amenazas de tal calibre como prospecciones petrolíferas en los alrededores de la isla de Ibiza.

Escribo ahora desde el césped de mi casa, con los oídos a punto de explotar gracias al atronador grito de las cigarras. Y pienso que ojalá nuestras voces puedan llegar a ser tan molestas, repetitivas, duras e ineludibles a oídos de los que, desgraciadamente, tienen en sus manos el poder de destrozar un paraíso mediterráneo con solo un asentimiento de cabeza.

En 2010, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero aprobaba unos convenios con la empresa de energía irlandesa Cairn Energy autorizando prospecciones petrolíferas en el Canal de Valencia. Esta lengua marina de 400km de longitud, entre la comunidad que lleva dicho nombre y la isla balear de Ibiza, es, como parte del Mediterráneo, hogar de una gran variedad faunística y floral.

Tres años después, Cairn Energy anuncia como fecha de su primera perforación petrolífera exploratoria el año 2015,  no sin dejar antes un mensaje glacial: una campaña sísmica en el invierno 2013-2014.

Dicha actuación consistirá en una búsqueda de petróleo por métodos sísmicos, utilizando detonaciones submarinas que generarán ondas de resonancia, permitiendo conocer la composición de la roca en el fondo marino.

Ya no sólo las prospecciones en sí sino la campaña energética en conjunto produce náuseas. Un “sí” de un Gobierno cuya actuación es una declaración de intenciones: money makes the world go round. O eso decían. Y parece ser cierto, porque no existe explicación racional posible que sostenga la autorización que pesa, desde hace tres años, sobre un agitado Mediterráneo.

En primer lugar, la peligrosidad del proyecto en su conjunto es, evidentemente, de un alto nivel. Pero la inminencia ha jugado a favor de los que han decidido movilizarse. La Comisión Balear de Medio Ambiente trató el pasado 4 de junio el impacto medioambiental de la campaña sísmica, constatando que Cairn Energy pretende operar a 249decibelios, cuando el 180 es el nivel de intensidad acústica a partir del cual son posibles daños irreversibles en cetáceos y tortugas marinas.

Efectos atroces sobre la pesca o escalofriantes cetáceos náufragos en el litoral son sólo algunas de las consecuencias de dicha campaña, cuya cercanía en el tiempo alerta a toda la población.

En segundo lugar, las secuelas negativas de tan desafortunado proyecto energético golpean también la esfera económico-social. El gasto económico en caso de incidentes sería, indudablemente, devastador. Teniendo en cuenta la dependencia de la isla de Ibiza del turismo, cualquier fallo –que siempre existen, como declaraba el President del Consell d’Eivissa Vicent Serra– implicaría una disminución del valor turístico de la isla.

Nunca es recomendable el basar una opinión en condiciones y sucesos cuya seguridad no es total. Por otra parte, se dice que la libertad consiste en la capacidad de tomar decisiones y atenerse a las consecuencias de las mismas, para lo cual deben haberse estudiado éstas previamente.

Tal vez en el caso de la decisión gubernamental que llevó a autorizar las prospecciones petrolíferas en el Canal de Valencia, ahora hace tres años, no se siguió este proceso. Sea como fuere, a día de hoy, con una campaña sísmica devastadora  a la vuelta de la esquina, quizá sea el momento de replantearse la moralidad de aquella decisión.

Rechazaba el Tribunal Supremo el recurso contencioso-administrativo presentado por la Generalitat Valenciana por carecer de rigor técnico y faltarle fundamentos jurídicos. ¿Es que es necesario andarse con consideraciones técnicas cuando la Ley misma se basa sobre el principio de la buena fe?

Siguen cantando las cigarras. O gritando, mejor dicho. Por favor, qué pesadez de sonido.

Y sigo pensando que ojalá pudiera yo conseguir algo con la voz. Porque parece que es, ahora ya, lo único que nos queda. Decía Villangómez que “a ver si entre todos enaltecemos nuestra lengua”. Y digo yo: la lengua, la cultura, la isla, las raíces.

Entre todos.

Luchemos.



Aquests homes lluitaren,
vull dir els avis dels avis,
i també damunt aquestes feixes es va sembrar la sang.
La dura mà empunyava les eines i les armes.
Defenien la vida, la collita, els seus escassos béns.
Pagesos i soldats, tot era una tasca única:
clavar la rella en la terra o el coltell en l'enemic.
Portaven aquells segles en l'entranya
l'armada incursió i la secada hostil.
Pel mar venia la tempesta
i la nau enemiga com un núvol irat.

Dins ells tenien la ràbia i la por,
lluitaven, s'amagaven, eren homes valents.
Hagueren de fer compatibles amb la feixuga feina
les hores de la gresca, de la rialla i de l'amor.
La mort els envestia per tots costats, aclaria
les espesses brostades. Era igual
morir de la lpesta, de fam, negats o en plena lluita.
Tal vegada la guerra tenia un altre prestigi.

I aquells homes anaven al combat. Ells sabien
almenys que defenien un tros de terra, una casa,
allí a la vora,
el pa de tots, dins el rebost  o a l'era,
i això els decidia a la mort.
Acceptaven, sense saber, un secular martiri:
ni tan sols crien que allò es pogués fer acabar.
I a més els homes es coneixen lluitant,
i és bell vanar-se d'una força ardida,
i les armes poden prendre un estrany fulgor a les mans.

El combat, Marià Villangómez i Llobet


Nuria Ribas Costa


sábado, 13 de julio de 2013

La apetencia literaria

Cuando mi padrino se enteró de que Angela Merkel había hecho algo así como criticar la hora de la siesta, respondió con su quietud habitual y su semblante imperturbable que “habría que poner a la señora Merkel a caminar un par de calles de Jaén a la hora de la siesta, a ver si le parecía entonces tan prescindible.”

Un poco más al noreste de Jaén, en una isla del Mediterráneo pervertida por las macro-discotecas y los guiris borrachos, es igualmente criminal hacer otra cosa que no sea descansar, a la sombra y lejos del ajetreo, de tres a cuatro de la tarde. Y lo dice una persona cuyos amigos apodan La Mujer Torbellino.

Existe en mi lengua materna, el catalán, un concepto que me define a la perfección: cul-remena, término cuya traducción al castellano dista mucho de ser comprensible. Ante tal dificultad decido que la mejor manera de definirme es con una mera descripción: mi problema –o virtud– es no estarme quieta, siempre tener la imperiosa necesidad de hacer algo. Con la mente, con el cuerpo, o con ambas cosas a la vez.

Por eso la hora de la siesta, he de confesar, no es una costumbre de la que yo pueda hablar con conocimiento de causa. Sin embargo, en verano –esa bochornosa y agotadora estación en la que hasta las hojas de los árboles sudan mientras soportan trabajosamente el cantar de las cigarras– consigo en ocasiones entregarme al maravilloso momento de descanso que la Señora Merkel tan indecentemente criticaba.

Así pues, estaba yo esta tarde paseándome entre las páginas de EL PAÍS que mi madre acababa de dejar sobre la mesa cuando topé con la sección de Opinión. Por inercia casi, me he detenido a leer el editorial (la segunda parte del mismo) que trataba sobre un emergente Brasil cuyo movimiento social calificaban el otro día en Ondacero de “necesario y normal” fruto, no de la crisis, sino del crecimiento. Recuerdo que pensé que era de lo más curioso que, en este contexto de retorcijones sociales (los móviles de los cuales distan mucho de ser acontecimientos beneficiosos) uno de los movimientos ciudadanos sí fuera causado por un avance en un país.

Pero aburrida –de la temática, quizá, siempre la misma– he apartado perezosamente la vista, que se ha parado, cara a cara, con un título que mi profesor de redacción habría, muy probablemente, calificado de válido por el juego de palabras, pero que yo, sin duda, he calificado de poco sabroso.

He empezado a leer entonces Crítica a la crítica, de Fernando Aramburu, y confieso que el texto daba mucho más de sí que el título. Con un discurso culto y unos términos precisos, Aramburu describía la difícil tarea del crítico literario, desvirtuando a aquellos que, en nombre de no-se-sabe-qué, pervierten tan noble oficio al servicio de favores, muy frecuentemente económicos. Entonces constataba (y esta es la frase que EL PAÍS mismo convertía en destacado) que “merece algo más que aplauso, merece agradecimiento el crítico que hace apetecibles las obras valiosas; aquel que no se limita a descifrar con adusta terminología de profesor, sino que se toma la molestia de transmitir entusiasmo”.

Estaba yo pensando en esa idea mientras continuaba mi paseo de papel cuando ha aparecido el suplemento cultural de los sábados en EL PAÍS, Babelia, delante de mis narices. Confieso que me siento un tanto culpable por no ser una experta en dicho suplemento, más que nada porque los trabajos periodísticos que más me atraen son siempre los relacionados con la cultura.

Con ojos curiosos he ido pasando las páginas, y para mi sorpresa y admiración la gran parte de las mismas estaban ocupadas por críticas de libros. Un curioso paralelismo con la idea de Aramburu que se arrastraba perezosa en mi mente desde hacía ya un rato.

Un bien escogido contrapunto de imágenes y un formato atractivo a la vista, prudentemente separado de la habitual configuración de la información que hace pensar al lector que ya está lejos de las malas noticias, crean en Babelia una atmósfera de conocimiento, un caldo de cultivo del gusto y la subjetividad.

Decía Aramburu que merecen más que un aplauso quienes hacen apetecibles obras literarias valiosas. Pero quienes hacen apetecibles a los creadores mismos de dichas obras merecen, entonces, más que ovaciones. Es este el caso del último artículo del Babelia de este sábado 13 de julio, titulado Comulgar con una empanada de lamprea y escrito por Manuel Vicent.

Quizá sea su segundo nombre –el mismo que el de mi padre– o sus títulos apetecibles. Sea como sea, lo cierto es que los textos de Manuel Vicent son algunos de mis rutinarias lecturas en EL PAÍS. Acostumbrada a ver su rostro en la contraportada del periódico, esta repentina aparición en Babel me ha sorprendido.

Empezando con una anécdota sobre su participación en una disputa de borrachos de lo más graciosa, pasando por la inquietud que lo lleva a cambiar las clases en la Facultad de Filosofía y Letras por la tertulia de Valle-Inclán en el café Derby y terminando con el relato de una visita a la capital, la vida de Álvaro Cunqueiro es retratada, en la paradoja del impresionismo y la precisión, por un Manuel Vicent que despierta, en aquellos que llegamos al final del artículo, una apetencia literaria que Aramburu, vagamente, desde algún rincón recóndito de mi mente, confirma como merecedora de ovación y reverencia.



-Crítica a la crítica, Fernando Aramburu: http://elpais.com/elpais/2013/07/09/opinion/1373364033_999927.html

-Comulgar con una empanada de lamprea, Manuel Vicent. Página 19 suplemento Babelia, EL PAÍS Edición Impresa


Nuria Ribas Costa

lunes, 10 de junio de 2013

El secretari d'Estat que no pensava a gran escala

"Aquest maleït diari no sap la que li caurà a sobre."

A la pantalla no es veu la seva cara, però han posat el seu nom a la part inferior, en lletres grogues. Richard Nixon està enfadat. Està vertaderament cabrejat.

Al mateix temps, el Washington Post va continuar publicant on s'havia quedat el New York Times, estupefacte davant una carta del ministre de Jusícia que els alertava de la prohibició que els hi queia a sobre: "no seguiu publicant o es prendran les mesures necessàries."

Imbatible, en algun lloc dels Estats Units, Daniel Ellsberg continuava filtrant els informes Top Secret del Pentàgon que s'havia passat nit rere nit fotocopiant davant els nassos de la mateixa policia.

"Van tocar a la porta. Jo veia aquell policia de Los Angeles intentant desxifrar les siluetes en moviment dins de la petita habitació. Vaig tapar un poc la fotocopiadora, vaig remenar els papers i vaig mirar els meus fills mentre m'acostava a obrir la porta.

-L'alarma s'ha tornat a disparar, senyor. Vagi amb compte.
-Ho sento, encara no la control·lo massa. Intentaré que no torni a passar. 

Els uniformats d' L.A. van marxar, retenint en la ment una dolça imatge familiar. I no es van adonar que tenien davant dels seus nassos el més gran crim contra el Govern des de feia molts anys."

Ellsberg continuava, impulsat per la consciència. Explica que un cop li van explicar aquella anècdota en què es planteja un dilema moral: quan has de triar entre traïr a un amic o a la teva nació; has de tenir el suficient valor per a traïr aquesta darrera. 

Però ell hi estava en desacord. Per això va continuar portant els documents secrets als diaris sabent que la persona sota les ordres de la qual havia tengut accès als top secrets del Pentàgon sortiria malparada d'aquella operació. Però va decidir que valia més això que no deixar que continués aquella carnisseria, allà a l'Àsia, a prudent distància dels Estats Units. No ho va fer per amor a la seva nació, sinó perquè creia que com a nació, els EUA tenien dret a oposar-se a la Guerra de Vietnam sostenint a la mà tots els documents que legitimessin aquella rebel·lió.

Uns Estats Units cecs, estupefactes davant titulars esfereïdors del Times. Del Post. I després del Boston Globe, del Chicago Sun Times, del Los Angeles Times. De molts altres. Un rere l'altre, posant en pràctica el que Hedrick Smith, reporter del primer diari que tinguè a les seves mans els documents del Pentàgon i s'atreví a publicar-los, afirmava: "som nosaltres els que tenim un criteri per a valorar el que és bo i el que no per a la seguretet nacional. I el que farem és ser independents del Govern. Som nosaltres els que podem fer-ho, i ho farem."
I ho van fer. Després els obligarien a parar, Nixon enfurismat llançaria contra ells les seves armes per tal d'aturar aquella sagnia de secrets. 

Però llavors el Tribunal Suprem va fallar. El Times, el Post i tota la resta de diaris podien seguir publicant els documents secrets del Pentàgon sobre la Guerra de Vietnam. Els documents que revelaven els horrors comesos en una guerra nord-amerciana des de l'inici.

Una guerra en que no és que els totpoderosos EUA fossin els bons. Sino que ells mateixos eren els enemics. 

Ellsberg relata que havia conegut en una ocasió una noia india que s'assemblava a Gandhi. Concretament ella pertanyia a una cultura en que no existía la paraula enemic. Si tots els Estats Units haguéssin format part d'aquella cultura, s'hauria produït una paradoxa interessant. Si l'enemic no existís, no hi hauria guerra. Si EE. UU. no fos enemic, no hi hauria hagut guerra.

"Vull que comencis a pensar a gran escala, Henry." Richard Nixon li retreia a Henry Kissinger que considerés el llançament d'una bomba atòmica sobre Vietnam una mesura excessiva.

Richard Nixon fou reelegit en 1972 President dels Estats Units per majoria aclaparadora.

Nuria Ribas Costa

miércoles, 5 de junio de 2013

La nova gènesi

L'anomenen la crisi del periodisme, però no és correcte dir-li així. Com totes les altres crisis, en tot ensorrament de model establert hi juguen un rol molt important diversos sectors àmpliament diferenciats. 

La crisi econòmica en té part de la culpa. Una culpa que, de fet, no seria al·legable de no ser perquè al darrera hi havia una gran plataforma mediàtica en potència: Internet començava a fer trontollar un sistema que no estava preparat per a tal magnitud d'impacte. Però és que ni amb Internet ni amb l'economia s'hauria esquerdat aquest cànon mediàtic. Feia falta una crisi ètica, apareguda costat per costat amb uns escandalitzants errors de gestió que, tard o d'hora, havien de fer fallida.

Quina dramàtica pèrdua d'integritat periodística. Quina falsedat de món el dels medis de comunicació. Ha sigut un cop de peu interessant al pacte de confiança amb els espectadors i lectors. Ivan Rosquelles, periodista autònom que havia treballat a Catalunya Ràdio, denuncia que la clau del periodisme, la voluntat d'incomodar el poder, està desapareixent.

Josep Carles Rius, director de la secció Catalunya Plural de eldiario.es, fa una crida a l'optimisme. La crisi econòmica, del periodisme, de l'ètica... l'ensorrament en que generacions com la nostra s'està formant, aprèn ara a renéixer de les seves pròpies cendres. I els projectes que apareixen són una reacció contra aquests errors, aquesta crisi. 

"Els periodistes de la premsa escrita ens estem reinventant. I per primera vegada, els periodistes podem dirigir i ser amos dels nostres propis mitjans." Pere Rusiñol, redactor de la revista Alternativas Económicas i responsable de la secció Reality News de la revista Mongòlia fa també una crida a aquesta reinvenció que posava Rius a sobre la taula. 

Però existeix un requisit bàsic, en que coincideixen aquests dos periodistes i que Brais Benítez, reporter de la revista Marea editada per la cooperativa MásPúblico, il·lustra molt bé quan defineix el model de treball d'aquesta publicació alternativa. 

"Nosaltres teniem molt clar que no voliem dependre de la publicitat per a sobreviure", punt en que assenteixen els dos altres periodistes. "El que feiem era tenir un codi deontològic i decidiem entre tots quins anunciants contractavem i quins no en funció de si contradeien aquest codi o no."

Un cop més, la publicitat com a reflex de l'herència d'aquest capitalisme de "taurons i casino" que desprecia Pere Rusiñol. I doncs la lluita contra la publicitat com a plataforma de finançament exclusiva i imprescindible. Una dependència tòxica que ha portat -i ara es veuen- a conseqüències nefastes en el panorama mediàtic dominant fins ara.

Així doncs, independència com a idea bàsica, la pèrdua de la qual es troba rere dos dels pilars bàsics d'aquella gran crisi: el model de gestió i la pèrdua de la ètica.

Però "el tancament de Público no va representar el tancament del periodisme." 

És la gènesi d'un nou panorama de mitjans. Un nou panorama curtit a base d'un enderrocament i nascut de les cendres. Un conjunt digne d'observar-ne la trajectòria.

Aquest post ha estat escrit inspirat per la xerrada organitzada pel grup de formació crítica en comunicació Ruta451, avui dia 5 de juny a la Facultat de Comunicació de la UPF, titulada "Els fills bords de Público" i en que han participat Josep Carles Rius (eldiario.es), Pere Rusiñol (Mongòlia) i Brais Benítez (lamarea).

Nuria Ribas Costa

La droga bilateral

Christian Fuchs, de la Universitat de Westminster, és conegut pels estudis sobre les xarxes socials i l'impacte de la social media en l'estructura de la població. Deia Fuchs que se'ns està venent una ideologia mitificadora sobre aquesta nova massa de mitjans de comunicació, que permeten que tothom tingui la possibilitat d'ésser emissors. 

Aquesta conclusió sembla formulada, però, en la sombra de l'escola de Frankfurt. Una mitificació sens dubte deutora de la idea frankfurtiana de la perversió que constituïen els mitjans de comunicació de masses per a Max Horkheimer i Theodor W. Adorno, entre tots els altres seguidors de la corrent: els mitjans de comunicació de masses com a forma de crear necessitats inexistents.

Però avui dia la realitat de la comunicació massiva és excessivament gran com per a que les necessitats de la persona vinguin ja determinades en funció del bombardeig d'informació conscient. Ara, la qüestió és una altra volta de rosca: no serà que, de la mateixa manera que l'Escola de Frankfurt concebia els mitjans de comunicació de masses com a creadors de necessitats inexistents, ara siguin les propes xarxes socials les que s'hagin convertit en una necessitat?

Diuen que en els dies que corren, o estàs a dins del món virtual o n'estàs fora. I estar-ne fora pot ser molt perillós. Inmediatesa, eliminació de fronteres, font d'informació, globalitat... característiques d'un nivell de connotacions positives esgarrifós. Però resulta que l'entrada no és gratuita. 

Podriem dir-ne el problema del perfil a la Xarxa. O la por a la pèrdua de la identitat. O fins i tot el contrari: al coneixement de la identitat. La inmediatesa i la connexió que ofereixen les social media impliquen la creació d'un perfil amb el que s'identifiqui cadascun dels jugadors. Ets tu a la Xarxa. O sino, no hi entres.

Clar que a Internet no hi apareix tot. La reacció més inmediata davant de les xarxes socials és l'anàlisi de les possibilitats que ofereix, o dels perills que s'amaguen. Però costa caure en la idea de que els logos són logos per alguna raó. Google no ha colonitzat el món virtual perquè tingui un nom més atractiu. Facebook no és el que és perquè sí. 

I què hi ha rere tot això? Publicitat. Una publicitat que es converteix en la plataforma de finançament imprescindible per a les xarxes socials. Una publicitat com a marc de la vida privada de les persones. Dels perfils, dels gustos, de les relacions de les persones reflectides en una Xarxa que no et deixa formar-ne part si no li ofereixes, a canvi, coses que li interessin.

Però la por al reconeixement provoca en ocasions un anonimat que té serioses conseqüències. La creació de contingut, com a droga bilateral que permet la relació de sinopsi entre les grans corporacions de la social media, que respiren gràcies a la publicitat però menjen d'aquests continguts; i els creadors d'aquests mateixos continguts, obligats a ser-ho per a accedir al potencial que representa una plataforma com la de les xarxes socials.

Un potencial, ara bé, obsolet. I és que de les xarxes socials l'ús n'és ara exasperantment dolent, creant un clima d'impotència davant de les ments més agudes que voldrien aprofitar-ne tots els avantatges.

Nuria Ribas Costa


lunes, 3 de junio de 2013

In God we trust

El naixement del sistema de mitjans nord-americà, que camina costat per costat amb el procès d'independència del segle XVII, nasqué de l'aglutinació d'una sèrie de factors diversos que conflueixen avui en un mateix país, creant un panorama bi-facètic desconegut per la major part de la població.

Un dels trets influencials més importants fou l'herència britànica. Anys de colonització havien de tenir, d'una manera o altra, les seves conseqüències. I així, el negoci comercial, amb l'afany pel materialisme i pels diners al front, s'assentaren als EUA. Ara bé, també hi hagué un tret britànic que va arrelar fortíssim i que tinguè una trascendència que dura encara avui. Es tracta del puritanisme religiós.

Una influència de la religió cristiana, les creences portades a l'extrem que es manifesten avui dia implacablement i que, paradoxalment, és en ocasions complicat de reconéixer. 

No cal tenir aguda vista per adonar-se que al dors dels bitllets d'un dòlar hi ha una frase en majúscules que constitueix el més gran exemple d'aquest sentiment religiós tan arrelat: In God we trust. Una confiança obertament manifesta que no dubten en tenir a mà els grans dirigents o les personalitats importants quan compareixen en públic. Sempre Déu a la boca, com si es tractés d'una frase motivant pronunciada a un enfurismat i eufòric equip de rugby abans de començar un partit decisiu.

Les creences són respectables i de fet es dret i deure de les persones lluitar per la llibertat d'aquestes. Però tota creença és criticable si en nom d'ella mateixa es censuren altres àmbits que haurien de gaudir de la mateixa llibertat que a ella li permet, precisament, censurar.

I és aquí on es torna complicada la fortíssima herència puritana als EUA. El puritanisme en la informació és perillós, com ho és qualsevol altre creença o ideologia que pugui interferir en la legítima missió de recerca de la objectivitat i la veritat, la missió del periodisme. Així doncs, en nom d'una lluita autoanomenada contra la Indecència, es dibuixa a nord-Amèrica un panorama mediàtic que censura, paradoxalment, de manera oberta.

La materialització d'aquesta censura en són els dos models audiovisuals presents: la televisió en obert i la televisió en tancat. Una distinció que dista moltíssim d'ésser assimilable al model públic-privat que coneix el món Occidental. Al país del somni americà la televisió en obert representa una xarxa basada en cadenes locals agrupades sota el paraigües d'una gran marca (p.e. FOX), que actuen en les anomenades networks (xarxes). És en aquest model en que la censura està a l'ordre del dia: control massiu, temes silenciats, retocs en nom de la Decència... Un puritanisme que sembla allunyar-se del seu origen religiós per a convertir-se en paraigües que ampara tot aquest tipus d'actuacions, aglutinades sota l'abstracció conscientment provocada del terme decència.

En un model que contempla les iniciatives audiovisuals amb vocació comercial com a independents, i qualifica de propagandisme totes aquelles que busquen la crítica sota la defensa d'una visió ideològica, la televisió en tancat es converteix en el concepte que descriu aquestes segones vocacions: la crítica i la recerca d'incomodar el poder. Un periodisme allunyat de la Defensa de la Decència que emet els esdeveniments importants amb 5 minuts de retard per tal d'aconseguir-ne el control segur abans de l'emissió.

Potser s'ha pervertit l' "In God we trust", que al llarg de la Història ha simbolitzat la gran solemnitat i congruència del poble dels EUA, o potser no. Sigui com sigui, Nord-Amèrica representa ara una realitat mediàtica que és, a ulls d'Occident -un Occident molt imperfecte, no ho oblidem- una paradoxa incomprensible.

Paraules sobre EE.UU. escrites a classe: concentració, idealització, armes.

Nuria Ribas Costa

miércoles, 29 de mayo de 2013

The paradox

The world considers it the broadcasting model. Other nations look at it as if it was the utopy they dream to develop in their own homes. People all over the world wonder if it would ever be possible to establish such a broadcasting organisation in other countries, especially now, when the financial crisis has had a crashing impact.

Back in its home, the BBC promotes journalism based on truth and non-manipulation. However, it's not an idyllic and perfect model, in fact the United Kingdom itself often critizises it. But there's an important point to bear in mind: something that cannot be denied is the quality of the information. The runaway from sensationalism is an indisputable fact, and the materialisation of it is the result: a serious information that searches for a strict analysis of the cutting edge news.

The Times, however, and in general all the serious newspapers, are in an alarming decline. The question is: why is it the United Kingdom has the most desired broadcasting model, while the United Kingdom itself lets its serious newspapers die at the same time? Why is it that the BBC and the tabloids go hand in hand?

Are the British people strange two-faced specimens? The answer has nothing to do with this. It seems there are two paralel relations with the media: on the one hand, the BBC. Pepole search for seriousness, they want to be able to trust the information they recieve. They expect true information from the broadcasting they pay every year. Therefore, the BBC plays a crucial role: it represents the Truth itself, allowing people all over the United Kingdom (and the world) to be informed without political pressions and censoring in this broadcasting company.

On the other hand, however, British people want entertainment. They want sex, drugs, secrets, rubbish, humour. Big headlines, striking photographs. They want tabloids. And so, they buy yellow press. The difference is they know perfectly they cannot trust tabloids. And they accept it, and continue to consume them. Because they do not buy tabloids to believe them. They buy them to entertain themselves. They expect truth to come from another direction.

There is a line in the United Kingdom between the yellow press, that takes the role of rubbish and entertainment; and the BBC, that has on its shoulders the commitment to publish the Truth.

And British people know exactly where this line is.

Perfection, however, does not exist. And manipulation, ignorance, and strange envelopes going around are, unfortunately, a fact. And they are so not only in the countries wich look at the BBC with nostalgic eyes, but also in the country that gave birth to the BBC itself.

This post has been written inspired by the talk we have today attended in class. Ken Garner, professor at the Glasgow Caledonian University in Scotland, explained the situation of the Scottish media, talking about the History of this part of the United Kingdom and the "rivalry" between powerful London and the Scottish press, TV and Radio.

Nuria Ribas Costa